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¿Debe preocuparse México por los sismos de Sudamérica?

  • Foto del escritor: Oscar C
    Oscar C
  • hace 7 horas
  • 4 min de lectura

Los recientes y devastadores sismos ocurridos durante 2026 en Venezuela, con un inusual "doblete" sísmico de magnitudes 7.2 y 7.5, y en Colombia, con un potente temblor profundo de 7.4, han acaparado las noticias y encendido las alarmas en la población. Ante estas catástrofes, surge una pregunta natural: ¿México tiene que estar listo para un escenario similar este año?


A continuación, se explican y resuelven las dudas más comunes sobre la verdadera situación sísmica de la capital mexicana y las fascinantes tecnologías que la protegen.


El mito del contagio sísmico y la creencia de septiembre


Sismo 19 de Septiembre 2017
Sismo 19 de Septiembre 2017

Tras las noticias de Sudamérica, muchas personas asumen que ocurrirá un "efecto dominó". Sin embargo, la ciencia es clara: no existe ninguna relación tectónica entre lo que ocurre en Colombia o Venezuela y las placas tectónicas que afectan a México.


Además, existe una fuerte creencia popular de que "septiembre es el mes de los sismos". Los expertos de la UNAM y el Servicio Sismológico Nacional aclaran que esto es un mito absoluto. Los sismos no se pueden predecir ni tienen "temporadas"; si se revisan los registros históricos de temblores destructivos, estos se distribuyen a lo largo de los 12 meses del año de manera completamente uniforme. La tierra tiembla todos los días, y esperar un sismo solo en septiembre es un sesgo generado por las dolorosas coincidencias del pasado.


¿Qué hace a la CDMX diferente a otras ciudades del mundo?


El principal reto de la Ciudad de México no son los sismos lejanos por sí mismos, sino el suelo sobre el que está construida. Gran parte de la metrópoli se erigió sobre los restos acuosos y fangosos del antiguo Lago de Texcoco.


Cuando las ondas de un terremoto viajan desde la costa pacífica y entran al valle de la ciudad, chocan con este subsuelo de arcilla blanda. En lugar de frenarse, el suelo blando actúa como una inmensa caja de resonancia; amplifica las ondas y provoca que el movimiento se sienta con mucha mayor violencia y dure mucho más tiempo que en zonas de suelo firme.


¿Qué se espera para La Piedad, Michoacán? ¿También temblará ahí?


Al ver lo que ocurre en la capital, es normal preguntarse qué pasa en otras regiones, como La Piedad, Michoacán. La respuesta es que sí, en La Piedad también tiembla y seguirá temblando, ya que es una zona con un nivel muy alto de actividad sísmica (registrando decenas de sismos mayores a magnitud 4.0 en los últimos años).


Sin embargo, hay una excelente noticia para La Piedad: a diferencia del suelo blando y arcilloso de la CDMX, esta región se ubica sobre el Eje Neovolcánico y su suelo está compuesto principalmente por rocas volcánicas, basaltos y sedimentos muy compactos. Este terreno rocoso y firme actúa como un escudo. Cuando las ondas de un sismo lo atraviesan, no se amplifican masivamente. El suelo rígido de La Piedad evita las sacudidas extremas y los efectos de larga duración que sí destruyen los edificios en las zonas lacustres, protegiendo así a la ciudad de una devastación generalizada.


¿Por qué está temblando donde antes no se sentía?


Últimamente, los capitalinos han percibido sacudidas repentinas en zonas de la ciudad donde históricamente no se sentían los temblores. Esto se debe a los llamados "microsismos", los cuales son generados por fallas geológicas locales (como la falla Plateros-Mixcoac) ubicadas a tan solo unos kilómetros bajo el asfalto.


Al originarse tan cerca de la superficie, se sienten como un jalón fuerte y explosivo acompañado de ruido. Sin embargo, por su longitud tan corta y su baja magnitud, los científicos aseguran que estos microsismos no tienen la duración ni la energía suficiente para derribar edificios formales.


¿Está preparada la ciudad? El poder de los edificios con amortiguadores


La preparación de la infraestructura en la CDMX muestra dos realidades extremas. Por un lado, existe un riesgo considerable en miles de edificios antiguos construidos antes de los estrictos reglamentos surgidos en 1985, así como en las millones de viviendas informales que se levantan mediante la autoconstrucción, sin la asesoría de ingenieros ni arquitectos.


Por otro lado, lo que hace verdaderamente innovadora a la Ciudad de México a nivel mundial es su impresionante adaptación tecnológica frente a los sismos. Las normas de construcción modernas en la capital exigen estrictos controles de seguridad, promoviendo el uso de sistemas que salvan vidas. Aquí es donde entran los famosos edificios con amortiguadores.


En lugar de construir edificios puramente rígidos que pueden fracturarse, la ingeniería moderna instala dispositivos que absorben y disipan la energía del terremoto, permitiendo que el edificio se balancee sin romperse. Algunos de los ejemplos más fascinantes son:


  • Torre Mayor: Considerada durante mucho tiempo la más segura de Latinoamérica, cuenta con 98 amortiguadores sísmicos gigantes y está anclada al suelo firme mediante 252 pilotes de concreto a 60 metros de profundidad. Su diseño le permite resistir terremotos de más de 8.5 grados.

  • World Trade Center (WTC): Durante su remodelación, a esta gigantesca estructura se le integraron 56 amortiguadores para garantizar su flexibilidad y resistencia ante los movimientos del subsuelo lacustre.

  • Reforma 222: Este elegante complejo cuenta con 50 amortiguadores sísmicos distribuidos a lo largo de su estructura para mantenerse en pie frente a las peores sacudidas.

  • Torre Reforma y Torre BBVA: Estos colosos recientes utilizan diseños inteligentes, como agujeros especiales en el concreto para disipar la fuerza del temblor y vigas de acero reemplazables que actúan como fusibles. Si el temblor es muy fuerte, estas piezas absorben el daño y se cambian después, manteniendo la torre principal completamente intacta.


Para evitar que los edificios colapsen por la enorme amplificación del suelo de lago, la ingeniería moderna utiliza edificios con amortiguadores (disipadores de energía) y bases con aislamiento sísmico. En lugar de hacer edificios rígidos que terminarían fracturándose, se instalan estos dispositivos gigantes que funcionan de forma similar a los amortiguadores de un automóvil: absorben y disipan la fuerza del terremoto, permitiendo que la torre se balancee de forma controlada sin que sus columnas se rompan. Gracias a esta tecnología, los grandes complejos y hospitales modernos de la ciudad pueden resistir las peores sacudidas y mantenerse intactos y operativos inmediatamente después de un temblor.

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