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Envenenados con plomo: trabajadores mexicanos están enfermando por manipular las baterías de autos



Monterrey, Nuevo León es ya la mayor fuente de baterías para autos de Estados Unidos. En la última década se registró un crecimiento constante del envío de baterías usadas estadounidenses a México, según datos recopilados por The New York Times (NYT) de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA, por su sigla en inglés).


Sin embargo, una investigación realizada NYT señala que los trabajadores mexicanos de esas plantas de reciclaje de baterías están sufriendo las consecuencias de una alta exposición al plomo, químico presente en esas pilas.


El medio cuenta la historia de Azael Mateo González Ramírez, quien un día regresando de trabajar en 2019 tuvo mareos, le dolían los huesos y sentía la garganta áspera. También había dolor en el estómago y episodios de diarrea.


Al acudir al médico, sus estudios señalaron que tenía altos niveles de plomo en su cuerpo, contó González. NYT señala que expertos coinciden que ningún nivel de plomo en el cuerpo humano es seguro y, con el tiempo, puede provocar daños neurológicos y gastrointestinales.


En estas plantas de reciclaje, el plomo se extrae de las baterías, se tritura, se funde y se convierte en lingotes que se utilizan para fabricar nuevas pilas para autos.


De acuerdo con un informe publicado ayer lunes, hay niveles significativamente altos de plomo en muchas instalaciones de Monterrey, lo que vulnera la salud de las y los trabajadores pues es un metal tóxico para las personas.


Además, muestras de suelo fueron tomadas afuera de seis plantas de reciclaje de baterías en Monterrey en 2021, revelando niveles de plomo muy por encima del límite legal en México, según el informe de Occupational Knowledge International, una organización de salud pública sin fines de lucro y Casa Cem, grupo ecologista mexicano.


De acuerdo con Perry Gottesfeld, director de Occupational Knowledge International, entrevistado por NYT, los empleados mexicanos no reciben la formación necesaria, no disponen del equipo adecuado y no operan en las instalaciones con ventilaciones adecuadas.


"Los trabajadores de esas plantas son envenenados día tras día y, a menudo, ellos mismos no lo saben".

Por otro lado, el medio también entrevistó a Elizabeth Coronado, quien fue enfermera en una de esas plantas de Monterrey propiedad de Grupo Gonher, donde trabajó González, y se encargaba de supervisar la salud de los trabajadores en zonas de alta exposición al plomo.


De acuerdo con ella, de los aproximadamente 300 trabajadores cuyas muestras de sangre analizaba cada tres meses, un tercio tenía unos 50 microgramos de plomo por decilitro de sangre en su organismo. Esa cifra contrasta con la de los trabajadores de reciclaje de baterías de Estados Unidos, quienes, en 2022, tenían en promedio nueve microgramos, según un grupo comercial de baterías.


Expertos en plomo en Estados Unidos advierten que los trabajadores cuyo nivel de plomo alcanza los 30 microgramos de plomo por decilitro de sangre deben ser retirados de la fuente del metal.


Foto: The New York Times


Coronado también dijo que la empresa de baterías para la que trabajaba les daba a los empleados con altos niveles de plomo multivitaminas y leche pero, según los expertos, eso no hace nada para mejorar la exposición; en vez de eso, hay que darles a los pacientes medicamentos que se enfoquen en el plomo presente en el cuerpo para eliminarlo.


NYT señala también que, aunque la agencia federal del medioambiente de México tiene la facultad para cerrar las plantas que incumplan las normas medioambientales, sólo en cuatro ocasiones, durante los últimos 23 años, las autoridades cerraron temporalmente algunas secciones de las fábricas de reciclaje de baterías por contaminación del aire y suelo.


La investigación de NYT también incluye otros testimonios, cifras sobre el número de baterías de auto enviadas a México desde Estados Unidos y cómo el mayor fabricante del mundo de este insumo rebasa los niveles de plomo en el suelo afuera de sus instalaciones de Monterrey. Te invitamos a que leas la historia completa en la que también colaboraron Chantal Flores y Lorena Ríos, periodistas mexicanas.


Creditos: XATAKA

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